miércoles, 10 de enero de 2018

APARTE

Y luego. Punto y aparte, los días en que amanezco llena de una energía vibrante y terrible, que me llega hasta la garganta –me la anuda, la hace chispear, me la agarra como una mano que apretara con todas sus fuerzas-. Me siento tan fuerte que podría romper los folios sin querer, me siento tan terriblemente torpe, me tiemblan las manos. Resoplo. Por la nariz, por entre los labios. Y qué maravilloso sería tenerte aquí para descargar este temblor sobre ti, sobre tu pelo, agarrarte del brazo, hacerte sangrar. Y qué ganas de que este aparte sea un continuo,  romper el estancamiento emocional de los días grises que se suceden sin tiempo para pensar, sin tiempo para ser fuerte y destrozar las ventanas. Sin tiempo para despegar los labios y gritar lo que siempre se queda guardado sin más. Y susurrarte gritando al oído que te quiero sostener entre los dedos y clavarte las uñas. Hasta que sangres. 

lunes, 24 de julio de 2017

La eterna espiral

Qué más da secretos o verdades a voces, si tu alma nunca está tranquila ni quieta ni callada. Qué más da lo que escondas o lo que grites, si tu ser jamás está en paz. Qué más da si te muerdes el labio hasta que sangre o si gritas hasta quedarte sin voz, si la miseria es la misma y el alma permanece oscura y embarrada de tristeza hasta las cejas. Qué más da, Irene, si nunca vas a dejar de ser una ruina en perpetua convulsión, en perpetuo terremoto. 

miércoles, 14 de septiembre de 2016

RJ

Hoy, dejando aparte la culpabilidad, la conciencia que pesa, estoy recidivante e irenemente triste.
Inexplicablemente y sin remedio. Y el viento, no sé  si causa asociada o consecuencia bendita, zarandea los árboles, me mece, me acaricia el nudo en la garganta, las palabras que repito una y otra vez por no perderme ni encontrarme. Sobre todo por no encontrarme.
Hay vece, babe, en que el terrible nudo es tan atroz que no deja pasar ni palabras, ni suspiros, ni la desmesurada cascada de tristeza. Hay veces, Romeo, en que no pasa ni el aire, en que creo que he gastado todas las lágrimas y sólo me queda ahogarme en el vacío que deja el dolor -el terrible dolor de la ausencia-. Que no fluye ni el aire ni sé escribir hoy.
How about it?
La calma de pensar en que la lluvia que cae nos une es tan absurdo y recurrente como absoluto en mi pensamiento. La tristeza del tiempo rodando sobre la piel -a millones de años luz del resto de mortales-, deslizándose sobre la aspereza del alma -inmensurable-. Quiero construir puentes sobre el mar pero aún no sé cómo. Que el viento me alborota, me seca los labios. Quiero poder llorar un rato, grosso modo. 

miércoles, 29 de junio de 2016

Tarde vaga

El agua hasta la cintura, el viento haciéndola ondear. El libro entre los dedos con sus líneas entre mis labios, haciéndome sentir la extraña sensación de la empatía entrópica. Esto es el cielo, me parece. Nero mirándome con atención  y lasitud a la vez. El viento furibundo. El sol cayendo oblicuo y con piedad sobre mi espalda. La piscina y su agua enrabiada de nuevo. Silencio, sólo roto por el álamo que se mece sin respiro. Sin duda esto es el cielo. 

jueves, 2 de junio de 2016

Porque sí

Hoy, como un día cualquiera, estoy irenemente triste. Tristeza que confundo con agobio, que mezclo con apatía, que arrastro con rabia, que siento con monotonía, que camuflo en indiferencia. Para que al final todo sea cansancio y acabe en el vértigo atrapado en las muñecas. Que todo acabe en un instante lleno de dolor que llega, que pasa, que ignoro y que olvido. Y después... el viento. La terrible y maravillosa distancia entre tú y yo, entre mis pies y la sonrisa apática de cuando no hay nada que decir. De la aridez de mi ser deslizándose hacia la noche con el pelo alborotado y cada fibra rendida a la impotencia de la tristeza cansada. Monótona y única, como siempre y casi nunca. Hoy, como cualquier otro día, no encuentro la cura a mi miseria. 

miércoles, 16 de marzo de 2016

Café

Café recién hecho es olor a tierra mojada, a paraíso lejano.

Soledad

Despegarse del miedo a la soledad. Cuánta libertad, cuanta indolencia. No sé cuánto habré crecido, ni sabría medir cuánta ansiedad y sufrimiento he necesitado para perder el pánico a estar sola. Literalmente sola. Sé que puedo yo sin más, 'te quiero pero te necesito', disfrutar de la soledad. De estar entre estas cuatro paredes con mi respiración pausada, mi melancolía sin sentido. Indolente, sintiendo hasta las uñas de los dedos de los pies, hasta las pestañas, las comisuras de mis labios que arden a ratos. Y sí, esta tristeza es toda mía, y este sueño también, y esta hambre, y estas ganas, este dolor de cabeza. Todo es mío y de nadie más, ni la culpa, ni la suerte, ni el esfuerzo. 
Despegarme de todo, que no lo necesito. Y que sea lo que tenga que ser, que ahí estoy yo para mí.