Está el mundo, colores. Vida. Y luego estoy yo, y esta tristeza adherida al fondo de los ojos. Y este nudo, esta tarde que anochece silenciosa. Este réquiem. Anhelo al fin y al cabo. De llevar mi nombre a su máximo exponente... Paz. Y estas ganas de ir al fin del mundo.
jueves, 14 de enero de 2016
domingo, 25 de octubre de 2015
En memoria de septiembre
Los domingos por la tarde se me secan los labios y las ganas, se me alargan las ojeras y los miedos sobre la mesa, bajo la sombra de una luz de titila para al final siempre perderse, congelarse en las ganas de ser llama -el vaho del atardecer helado que se lleva todo por delante, lo arrolla sin la piedad de la escarcha matinal o de la pereza de volver a ser del lunes por la mañana-, y la música es el falso silencio de las preguntas que se atreven a golpearse con todas las paredes sin desaparecer, que sin dudar se atreven a rasgarme los labios de lado a lado -los labios, siempre los labios-, que me acarician la sonrisa, esas preguntas que tienen menos respiro que estas líneas, esas preguntas que siempre empiezan por un quizás y acaban clavadas en la miseria del alma.
miércoles, 2 de septiembre de 2015
S
Espero que última vez que paso lo escrito en papel al blog y decido quedarme tan desnuda en un día cualquiera como es hoy...
Septiembre siempre llega, helado, cálido, incierto, nuevo y grisáceo, haciendo de mi estado de ánimo un mes, que dura 365 días en mi paladar, en el nudo ahogado de mi estúpida y melancólica garganta. Y yo, con los labios cortados, sangrantes, me muero de gusto, de tristeza y de calma. Sonrío, agridulce, con las ganas puestas en cualquier causa perdida, en cualquier atardecer desde un mirador en el que corra la brisa -¡el viento furibundo que me enrede!-. Septiembre y su aire raro. Mis dedos necesitan amor, o quizás al menos calor, unos labios que les susurre que es cierto, que todo es raro y nada está en su sitio en esta habitación de caos, de desastre en mi pelo. Es el mes en el que nunca sé lo que siento, si esto es rabia, dolor, amor retorcido, o es tristeza que arde, o quizás todas son distintos nombres para lo mismo, mi silencio rotundo, mi fría indiferencia de comisuras hacia arriba. 'And let it flow, this cruelty'. Y mis ganas, de cualquier cosa siempre conmigo. Música rara y triste parar mirarme las piernas en el espejo, para tocarme los labios -cortados, cortantes-, para decidir de uno a mil cuánta amargura trae septiembre a mis ojos... Para dejar todo ir en un suspiro, y recuperarlo en la inspiración más profunda y más sincera al segundo siguiente - que no puedo librarme-.
¿De dónde, de dónde estos ríos de tristeza?
¿De dónde, de dónde estos ríos de tristeza?
jueves, 28 de mayo de 2015
Ojos tristes.
Es curioso, que pasan los años y sigo sorprendiéndome de lo guapa que estoy cuando lloro, de lo bien que me quedan los ojos tristes.
jueves, 21 de mayo de 2015
Mierda pura nocturna.
¿Por qué al final tenemos tendencia a parecernos a aquello que odiamos? Quizás es simplemente que el odio previo proviene de que, en cierta forma, sabemos que es algo que tenemos intrínseco, algo feo y oscuro que también sabemos que no deberíamos de sentir o ser.
Yo, que me considero alguien que reniega de la forma plana planísima de 'buena persona' sin embargo caigo una y otra vez en esto, y hay cosas de mí que a veces siento y no asumo, porque sé que no debería de sentirlos en el marco de ser una persona ideal. Pero no lo soy. Ni de lejos. Ni voy a serlo. Ojalá yo menos enrevesada, ojalá yo una persona transparente. Me gustaría. Pero soy oscura, soy laberíntica y difícil de entender, y siquiera de captar. Y pienso que el resto del mundo lo es. Intrínsecamente. Luego llega el razonamiento y me dice STOP. Y yo le hago caso en todo, pero siempre queda el nudo del estómago, la rabia visceral de un ser que sale de las sombras y que no sabe muy bien a dónde va. Ese horrible nudo que me dice que progreso en muchas cosas pero no en ser persona. Y qué se hace con eso...
miércoles, 29 de abril de 2015
Todo es insomnio.
Noche. Dentro de mí todos los defectos humanos laten, quieren salir, y yo, triste y un poco moribunda, algo insomne, deseo estar dormida, deseo ignorar todo eso que soy, todos esos ojalás (ojalá menos rencorosa, ojalá más despegada, ojalá menos sensible, ojalá...), toda esa autoestima que barre el suelo. Qué tremendista (ojalá menos tremendista). Y, de virtudes sólo queda el contraste del brillo de mis ojos, la soledad cegadora que actúa de luz y norte (helada, helada, tiemblo). Y al final todo sentimiento es rabia por ser tan débil. Nocturo, No. 13. Rabia. Y, ¿sabes?, tiemblo. Es este frío en los pies, supongo, y este calor en las mejillas, o este cansancio que me sube, este nudo que me baja. El resultado es bucle, es espiral, es trepar y caer entre cuatro paredes. Caer. Todo lo bajo que puedo, en la cama, en el insomnio profundo (del sueño fugado). Y es esta tristeza, este vacío. La estupidez de permanecer con los ojos (secos, ardientes) fijos en la penumbra, preguntándome si toda esta miseria es sólo mía o puedo compartirla. Dormir.
miércoles, 22 de abril de 2015
Ventanas...
Cada día más extraña, o más extrañada de los demás. Abre la ventana, no demasiado, que no se me caiga el alma. Que se me muere de vértigo. Tenemos la mala costumbre de arder cada noche y nuestras cenizas, que nos recomponen a veces, nuestras tiritas. Vértigo, vértigo. Déjame sola y cierra la ventana, que me enamoro del viento. Me basta respirar para consumirme, para sonreír tontamente, vencida, sobre los restos de eso que fui durante el día. Abre la ventana, que se seque la sangre.
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