Escribir es el pánico a que se llegue a comprender lo que digo. Escribir es como tener los ojos tristes sin remedio. ¿Cómo ocultarlo? Escribir enrevesado como necesidad primaria del alma inquieta dentro del pecho, que galopa y golpea, destruye por dentro las entrañas sin piedad... y escribir es el remedio para calmar el dolor del derramamiento de sangre. Un parche a la ausencia.
lunes, 6 de abril de 2015
martes, 31 de marzo de 2015
Cimientos de duda.
Y en lo más profundo una tiembla, la rabia y el miedo tienen precio. Y una asume su grandeza con la cortesía de una esfinge. Y bajo la construcción del ser, la duda, el cimiento tambaleante. ¿Qué se puede construir sobre la duda?, es la pregunta, mientras yo ya he edificado mi alma de abajo arriba sobre ella. La hago mía -temblamos juntas-. Y en los momentos en que se junta con el miedo me estremezco. Y ojalá destruirlo todo y construirme sobre algo más sólido, un campo de amapolas. Pero no. Soy lodo, y a veces me fundo, de ira y duda, que me corroe desde abajo. Una asume su vastedad desde la inseguridad más genuina, y la media sonrisa todo lo esconde -las palabras todo lo camuflan-.
martes, 3 de marzo de 2015
Martes moribundo.
Acepté querer y vivir la parte elegante del mundo, a sabiendas de que me muero por el lado oscuro de la existencia. Acepté la versión mejorada, asumiendo que pertenezco a la visceral. Qué crudo y qué extraño. Y qué mísero.
jueves, 26 de febrero de 2015
Daughter.
Canciones que me llevan al olor de la tierra mojada, al paraíso vacío de los prados sin nombre, la brisa que despeina. Canciones que son languidez de lo que no ocurre. Canciones y días cálidos cuando las manos se agrietan. Melodías que son lo que fui o lo que jamás alcancé. Verde campo se agita, amapolas ondean con alacridad su viveza al viento que las adora. Los álamos, las zarzas, se contonean con extraña alegría gris. Y el cielo, tan ceniciento como en un sueño, rey de melancolía. Tumbada, por un instante, cara a cara con la nostalgia, que me agarra del cuello, que se cuela en forma de aroma de vida por cada poro de mi tembloroso cuerpo, ese que me une con la existencia. ¿Cómo voy a respirar así? Se me enreda el pelo en los sueños ya olvidados. Volver a nacer de lo agridulce, así persistimos día a día. Canciones que me llevan al limbo, que me abandonan en medio de la nada, donde el viento sopla y me trae recuerdos de lluvia, recuerdos que quizás fueron dolor, que quizás fueron esa sonrisa que yo era, sentada sobre el barro, en ese entretiempo que dura menos de lo que permanece un escalofrío. Y que yo soy aún, a veces.
miércoles, 28 de enero de 2015
Lobo para el hombre.
Me muero por lo sucio de esta vida, por el lodo más profundo que embarra el alma. Que al final la maravilla son esos vicios nocivos que nos repelen, esa indigencia del ser frente a la nada que nos asusta. El mundo oscuro, triste, venenoso, sólo para mí, para cuando pierdo la cordura. Que para encontrarme tengo que arrastrarme entre las tinieblas y algo dentro de mí se muere de placer. Qué estúpido es respirar mejor -profundo, despacio- después de la asfixia. Oda a la parte fea de la existencia. A todo aquello que es tan inevitable como repugnante porque, ¿qué sería de lo bueno sin ese percance constante, ese encuentro con el dolor sangrante? Que ya no sé ni lo que digo.
martes, 30 de diciembre de 2014
Autonotas
Y mis nervios, que ya no sirven para nada, tan
rotos, tan crispados. Tan sensibles. Tanto me cabrea que lo sean que más
vulnerable me vuelvo. Y mis errores, soplándome en la nuca,
deseando que vomite, y yo que no puedo ni hablar con este nudo, con estas
ganas de nada; del universo entero transformado en nada. Y estas ganas de
llorar que no comprendo. 'Pareces feliz, pareces cansada, pareces ausente.' Y
yo que lo parezco todo pero que no soy nada me estremezco. Y tiemblo con
estas ganas de rendirme al mundo, de callar por fin y dejar de vomitar
palabras para así llevar por fin el vestido limpio y las ganas del alma
tranquilas. Pero, ¿cómo callar esta ruina que soy yo, este veneno contenido en
palabras que soy y que asfixia hasta la agonía frente al atardecer en el mar
-la calma, la cama-?
jueves, 11 de diciembre de 2014
Agonía.
Hay días -y noches- en que la costra -el muro- alrededor de mi ser arde, y yo con ella. Me empequeñezco, mi autoestima se arrastra por el suelo, moribunda, y me encierro en mi ser de una manera poco sana. Cuando mi autoestima baja al subsuelo me percibo irascible y atrapada en la mediocridad, me siento flotar como gas inflamable por los minutos, las horas... Y, curiosamente, percibo que todos los defectos y vicios que acarreo tras de mí son lo que realmente soy. Siento que todo lo bueno que tengo es mero control de todo lo malo que podría llegar a ser. Y bueno, aunque sea penoso escribir y leer estas líneas deja de ser algo triste cuando se asume como real, como lo que asumo como verdad de mi ser. Y es este pesimismo el que se atraganta en mi faringe en modo de espíritu, ser o lo que se suponga que es este conjunto de neuronas inconexas, de estas conexiones incompletas... el que nunca me abandona, el pesimismo que pro desgracia casi siempre es realismo. Esta tristeza lacónica que tengo en forma de ojos cansados... Que soy un ser miserable no es nada nuevo -la espiral de mi ser, de mis palabras, siempre en círculo, siempre hacia el mismo ceniciento horizonte, porque quizás no hay nada más aquí-. Me escribo estas palabras a sangre sobre la piel, ¿y ahora qué?
La paz es una utopía.
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