Sinceramente, espero que nadie, nunca, me pregunte cómo pago todo lo que me sale bien. Porque todo tiene un contrario para equilibrar, ¿sabes? Lo bueno es que supongo que no tendría palabras para expresarlo, al menos no suficientes...
'¡Consúmete!', le grito a veces a mi rabia. Pocas me hace caso. No sé, no sé como ordenar algunas cosas. Están mal guardadas en mi interior y se clavan, el alma del error siempre rozando la mía, siempre acechando.
Estoy desnuda frente al espejo, pero no hay nada. No encuentro nada al otro lado...
Si se separan de mí estas palabras, se vuelven estúpidas por sí solas. Se vuelven incoloras, inconexas, si salen de mis labios.... Permítanme camuflarlas.
El problema es crear, sin querer o queriendo, unas cadenas para uno mismo. Ponérselas sin reflexionar, encadenarse bien fuerte, que corten la circulación, que la piel enrojezca, que duela el contacto... Tirar la llave bien lejos. Y después pretender que el viento las vaya deshaciendo en su trabajo infinito. No cabe la lógica, pero así es.
Pss, que nadie se chive a mi ego, pero hoy me dejo lamer las heridas.... Sólo por hoy. Mañana será otro día, supongo. Otro latido de esta infinita tristeza con costras de rabia gris encima.
Nada vale para dejar de sentirse estúpido... Lo bueno es que ya sé que pedirle al nuevo año. Otra estupidez, pedirle cosas a un año, para añadirla a mi lista. Aunque nada sirva, me voy a estudiar, por si me arregla algo dentro.
Desnudos cobramos un sentido especial. Frente al espejo. Tras el vaho del agua caliente. Nos creemos más guapos y nuestro brillo nos delata. Y más si lucimos nuestra fría tristeza y un recuerdo de nuestra figura encorvada, encogida bajo el peso de la ropa y de las capas de miseria. Ser mejores se nos muestra menos inalcanzable.
No juzgamos, no pedimos. Se asume el revoltijo en el pelo, los huesos bajo la luz de la bombilla relucen mágicos, creamos una línea que comienza en las caderas y acaba en algún punto del infinito. Tras el cerrojo el mundo es otro, menos cálido, menos mundo quizás...
Disfrutemos de los coloretes callados que aparecen en nuestras mejillas, pues tardarán poco en extinguirse. Disfrutemos de cada poro en pie de guerra, contemplando su propio reflejo.
Es inevitable. El nudo crece, no disminuye tras la implosión. Y es que, ¿qué pensamiento no tiene miedo a ser recuerdo? ¿Qué pregunta imposible tiene respuesta sin atragantarse en el alma? ¿Qué respuesta no tiene miedo a ser error?
Y lo peor siempre será ponerme celosa de la brisa que te roza, a pesar de todo.
¿Cómo poder refutar el significado de vehemente necesidad de alejarse en unos ojos cenicientos? Es imperativo entender que los brillos profundos no son buenos. Sólo llevan asociados una toxicidad asfixiante, quizás más para ellos mismos que para el resto del Universo, pero que se desprende desde la punta de la lengua hasta reducir el corazón a un ácido imposible de formular.
Vaho hacia el cielo, roza mis labios sangrantes. Extraña sonrisa. Hoy volvemos a comprender lo ínfimo de un chispazo, lo eterno de la tristeza congelada bajo el cielo de medianoche.
Ojalá.... ojalá fuera menos absurdo este nudo, ojalá no existiera esta alma, pienso a veces.
'Irenemente triste'. ¿Cuántas veces habré repetido esto tras leer los versos de EMV? Quizás los necesarios para que el viento se los lleve todos y vuelva a dejarme sola en un vacío inmenso donde no hay espacio para gritar. Maldigo todas las noches en que un boli no podía ayudarme y conjuré a la tristeza, a la melancolía como forma, como esencia de vida. Maldigo cada vez que haya deseado escribir en el cielo, sobre las estrellas, un universo de lágrimas. No, no.
Ser causante y solución de males ajenos, sin poder dejar de ser un ente inquietantemente incorpóreo, un pensamiento que se enrolla helicoidalmente sobre la tortura de la no certeza.
Ojalá ser menos estúpida, deseo a veces.
Que nos quede, sin embargo, el consuelo de que la tristeza nos sienta bien. Casi parecemos más guapos con la mirada algo perdida.
El dolor crece hasta el abismo, pero allí no cae. Allí caigo yo.
¿Cómo hablar de la tristeza con palabras sin llegar a desvirtuarla? ¿Cómo querer expresar el color del viento con estos estúpidos dedos que no me dejan atraparlo? Ojalá una certeza, que podría ser el cielo, deseo a veces.
Pues bueno, hoy es uno de esos días que confirman la regla de que ningún domingo es bueno. El alma se cae a cachos y lo corpóreo sueña con un poco de calor en los dedos, con una sonrisa congelada al menos.